UN ESTADIO POSMODERNO
Jeremy
Rifkin[1]
La era del acceso. La revolución de la
nueva economía.
España
Paidós. Estado y Sociedad
2002,
página 247
Está naciendo un nuevo arquetipo humano: parte de su vida la
vive cómodamente en los mundos virtuales del ciberespacio; conoce bien el
funcionamiento de una economía-red; está más interesado en tener experiencia
excitantes y entretenidas que acumular cosas: es capaz de interaccionar
simultáneamente en mundos paralelos, y de cambiar rápidamente de personalidad
para adecuarse a cualquier nueva realidad –real o simulada- que se le presente.
Los nuevos hombres y mujeres del siglo XXI no son de la misma naturaleza que
sus padres y abuelos, los burgueses de la era industrial.
Para el psicólogo Robert J. Lifton, los miembros de esta
nueva generación son seres humanos «proteicos». Han crecido en urbanizaciones
de interés común; su atención sanitaria corre a cargo de seguros médicos
privados; tiene sus coches en leasing,
compran online; esperan recibir
software gratuito, aunque están dispuestos a pagar por servicios
complementarios y actualizaciones. Viven en un mundo de cuñas sonoras de siete
segundos; acostumbran a acceder a la información y recuperarla rápidamente;
sólo prestan atención unos instantes; son menos reflexivos y más espontáneos.
Piensan en sí mismos como intérpretes más que como trabajadores, y quieren que
se les considere antes su creatividad que su laboriosidad. Han crecido en un
mundo de empleo flexible (just-in-time)
y están acostumbrados al trabajo temporal. De hecho, sus vidas son mucho más provisionales
y mudables, y están menos asentadas, que las de sus padres. Son más
terapéuticos que ideológicos, y piensan más en imágenes que con palabras.
Aunque su capacidad de construir frases escritas es menor, es mayor la de
procesar datos electrónicos. Son menos racionales y más emotivos. Para ellos,
la realidad es Disneylandia y el Club Med, consideran el centro comercial su
plaza pública, e igualan soberanía del consumidor con democracia. Pasan tanto
tiempo con personajes de ficción (televisivos, cinematográficos o del
ciberespacio), como con sus semejantes, e incluso incorporan a su conversación
los personajes de ficción y su experiencia con ellos, convirtiéndolos en parte
de su propia biografía. Sus mundos tienen menos límites, son más fluidos. Han
crecido con el hipertexto, los vínculos de las páginas web, y los bucles de
retroalimentación, tiene una percepción de la realidad más sistemática y
participativa que lineal y objetiva. Son capaces de enviar mensajes a la
dirección de correo electrónico de alguien, incluso sin conocer su ubicación
geográfica, ni preocuparse por ello. Ven el mundo como un escenario y viven sus
propias vidas como una serie de representaciones. En cada etapa de su vida, a
medida que van probando nuevos estilos de vida se van reconstruyendo. Estos
hombres y mujeres proteicos tienen poco interés por la historia, pero están
obsesionados con el estilo y la moda. Son experimentales y buscan la
innovación. Las costumbres, las convenciones, y las tradiciones apenas existen
en su entorno, siempre acelerado y cambiante.
Estos nuevos hombres y mujeres están empezando a dejar atrás
la propiedad. El suyo es el mundo de la hiperrealidad y la experiencia
momentánea: un mundo de redes, portales y conectividad. Para ellos, lo que
cuenta es el acceso; estar desconectado es morir. Son los primeros en vivir en
la era posmoderna, por usar la
expresión del difunto historiador británico Arnold Toynbee[2]. Esta
nueva era contrasta claramente con la edad moderna, en la que la posesión y las
relaciones basadas en la propiedad privada daban forma a prácticamente,
cualquier transacción económica, y se proyectaba sobre casi cualquier
interacción social. En la era postmoderna, las diferencias las crea el acceso
antes que la propiedad.
¿Qué hace que la era postmoderna sea tan diferente de la era
moderna? La respuesta – tan compleja como elemental- sería esta: la era
posmoderna está ligada a un nuevo estadio del capitalismo basado en la
mercantilización del tiempo, la cultura y la experiencia de vida, mientras que
la era anterior correspondía a un estadio anterior del capitalismo, basado en
la mercantilización de la tierra y de los recursos, la mano de obra humana, la
fabricación de bienes y la producción de servicios básicos.
[1] Jeremy Rifkin es autor de libros de gran éxito como Entropía, El siglo de la biotecnología y
el Fin del trabajo. Desde 1994 es miembro del Wharton School Executive Education Program e imparte conferencias
sobre temas de ciencia y tecnología –así como su impacto en la economía global,
la sociedad y el medio ambiente- en diversas partes del mundo. Es también
presidente de la Foundation on Economic
Trends con sede en Washington D.C.
[2] Arnold Toynbee, A Study of History, vol. 8, Londres,
Oxford University Press, 1954, p. 388